FRAGMENTOS DE UN BLOQUE...

lunes, 14 de abril de 2014

"El yo biográfico se ve imantado y modificado por el núcleo ardiente de la obra en curso (o ya articulada) en tanto que el sujeto de la escritura que de él se desprende para fundar el espacio virtual donde se despliega el texto, participa de una enunciación inconsciente y de la tensión contemplativa de una consciencia alterada que obligan a ese yo a reformular sus límites imaginarios, estrategias y protocolos mundanos…" Armando Almánzar-Botello. Escribir/Publicar.

Nicolás Kalmakov. Negra - 1929 ( Négresse )

Por Armando Almánzar-Botello


(...) —¡Que Dante Alighieri se compadezca de mí! ¡Sufriendo inexisto en el núcleo mismo del virtual Averno, aquí, en el Barrio Textual de los Sueños Caóticos! 

Aunque mis ojos y una parte de mi mente me induzcan a creer que estoy en la mansión de mi propiedad en Cité Soleil, la magnitud de mi angustia y la reverberación por todo mi cuerpo de una gran incertidumbre, me hacen poseer casi la certeza de que realmente ahora me encuentro pensando, gimiendo, escribiendo y penando en el Séptimo Círculo de un nuevo Infierno narrado. 

Presiento que mi franco espejismo imitativo-ilusionista ha sido condenado a consumirse, pavorosamente, en las llamas textuales de una prosodia ígnea, pulsional, circular y perpetua, y ello sólo por causa de mis pequeños caprichos, excentricidades eróticas y políticos desaciertos, cometidos con la batería semiótica de los significantes lingüísticos (...).

(...) Algo parecido a los párrafos precedentes atribuyó el Sujeto de la Escritura, en el comienzo de su otro texto, al actante TrujiJack el Destripador, mientras el villano-asesino constitucional, desplegando su rol de literato y realmente alojado y activo en un cierto cerebro-universo semiótico paralelo al Pueblo —y sin embargo peligrosamente oblicuo a la mirada interrogativa de los Neo-Personeros y Catedráticos-hermeneutas—, encontrábase confinado en el antiguo Palacio Nobiliario de San Cristóbal, completamente lúcido, sereno y rodeado de espejos, escribiendo una extraña fábula reclinado en su barroca, lujosa y reluciente cama colocada en el centro del enorme cuarto principal e iluminada en su cabecera por una lamparita de mesa de noche, diseñadas estas dos últimas con estilo biomórfico-posthumano y cibernético-rococó, respectivamente (...).

(...) Así las cosas, desde su cama en la pomposa y gigantesca estancia pintada de blanco, amoratado por un golpe de bastón el Ojo izquierdo, pudo TrujiJack por fin distinguir, mientras avanzaban lentamente desde la puerta del dormitorio hacia el lugar donde él se encontraba, primero a una mujer desnuda y muy alba, lujuriosamente montada —o más bien tumbada de espaldas con las piernas bien abiertas como en posición de parto— en un chirriante y enmohecido carrito de autoservicio empujado por un enano amarillo y desdentado.

En segundo lugar, la pareja de visitantes era seguida por tres bufones semidesnudos que se desplazaban sostenidos en equilibrio erguido caminando sólo con sus manos, y vestidos provisoriamente con sendos trajes de plástico negro en los cuales, al nivel conveniente, unas hendiduras dejaban ver los descomunales miembros erectos de los Graciosos, apuntando hacia el piso en un ángulo místico de cuarenta y cinco grados, y con sus tensos glandes reluciendo como limpias bombillas eléctricas en el aire del salón gimiente de fantasmas y deseo escritural.

—¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! —vociferaba un gentío irredento cuyas voces y ruidosas operaciones en la calle podían escucharse a través de la ventana. ¡Y era la Revolución!

Encabezando la comitiva libertaria en el cuarto mismo del Destripador —como quien dice Mujer Desnuda Guiando al Pueblo—, era dueña la beldad Comisionada, la nívea Doncella del carrito chirriante, de la mirada más profunda, sublime, indescifrable y aleteante que ojos humanos hayan podido imaginar. Y, seráfico golpe claroscuro de la luz al fin allí en la sombra, ostentaba esa mujer la más amplia, espesa y seductora de las manchas, como un delicioso y selvático enjambre de hormigas negras y carnívoras.

¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! ¡Revolución o Fusión! ¡Y era la Revolución!

Latía, esa inmensa y oscura mancha —semejante a un formidable sol negro palpitando en el espacio cósmico y femenino de un cuerpo tántrico-católico-vudú—, de un modo sorprendentemente lúcido, velludo y desconsiderado; parecía más bien un gigantesco y divino paraguas negro abierto sobre un abismo presentido y deslumbrante, patibulario a su vez por comisión u omisión. TrujiJack sudó copiosamente.

—¡He aquí el tesoro azabache de los significantes, la sede del código estallado y la ruina de todo nacionalismo ontológico! —dijo una mestiza y poderosa voz andrógina, híbrida, resonante pero pausada, que parecía proceder de la zona cenital del cuarto donde culebreaban todavía, enredados en los brazos de las lámparas casi muertas, los despojos y retazos de tiniebla que acompañaban siempre a los estrambóticos candiles barrocos de luz tenue, que pendían del techo de la recámara secreta iluminada ahora, principalmente, por un viejo sol frío y marchito que penetraba por los desnudos ventanales del recinto (...).

De repente, comenzó a resonar la metralleta: Muchos políticos, comerciantes, jueces, obispos y simples ciudadanos de todos los bandos, huían fuera de la Ciudad, entre el humo y el fulgor de las granadas. En mitad de las calles, los soldados enfrentados realizaban lúdicos derramamientos de sangre y perversas orgías que recordaban el Jardín de las Delicias y el Infierno Musical de El Bosco. Todos justificaban sus acciones violentas aduciendo pasadas ofensas y supuestos maltratos cometidos en su contra por las víctimas actuales.

¡Y era la Revolución!

Mientras tanto, algunos pequeños hijos de los soldados que formaban dichos ejércitos enemigos, vulnerables retoños prodigiosamente indemnes bajo el fuego de las bombas y confundidos en una asombrosa fraternidad infantil ajena del todo al virulento combate, levantaban muy alto, muy alto, banderas extrañas que no se correspondían con ninguna de las naciones en conflicto.

—¡Mamita llegó el Big Brother, llegó el Big Brother del Norte!

—Ajeno a la política situacional y al peligro de los carnales desbordamientos, él se deja llevar sencillamente por la deriva semántica, por el furor pulsional de los vocablos —dijo uno de los bifrontes Catedráticos-hermeneutas—. Pero vosotros, ávidos lectores postmodernos, queréis una historia verosímil, apropiadamente construida, con peripecias bien urdidas que prueben el valor “trascendente” del neorrealismo sucio pero insulso, la calidad autorial —cuasi místico-visionaria en el trabajo de planificación y orientación de la obra—, del supuesto narrador de agujeros y desastres ontológicos…

No obstante, aunque nos encontremos en el Tercer Mundo 
no popperiano por cierto y con grandes limitaciones diegéticas, es menester decir ahora (ahora: jetzt: Hegel) que no sólo de tramas y pirotecnias representativas vive el hombre, sino de toda palabra sonámbula que dice que sabe, sin saber que la sabe, la verdad metonímica de que nada está nunca totalmente presente y sabido (ahora) en la inabordable productividad translingüística y su construcción en abismo: dispositivos generadores de realidad. 

Y ello es así, pese a la voz del Gran Cíclope y su metarrelato de grado cero, que mentidamente decreta el fin de los metarrelatos bifocales (...).

(...) Horrible y ubicua la Mirada del Escriba…

—Cuando articula su discurso narrativo, un alguien innombrable busca la deriva, la fuga, la retracción, el flujo, el reflujo, la pérdida, el todo que se escapa imantado por la huida del fragmento: el Texto como Infinitud Potencial o Deus Absconditus Multicéntrico… ¡No pretendas comprar las líneas de fuga en un supermercado! (...).

(...) Luego TrujiJack, el renombrado criminal-homicida, vio aparecer, entre humo espeso y sonido de saxofones, al Minotauro Caribeño de las Copulaciones Efímeras, y gozó inmediatamente —ya sollozando y envuelto con la gran Sábana de la Aflicción en aquella madrugada terrible, manchada de tinta, semen y sangre—, de una torva serenata-aguinaldo concebida y cantada por cautelosos detectives y fiscales calvos, melancólicos soldados con vendas ensangrentadas e inoportunos acreedores de otros reinos narrativos plagiados por el Tigre.

Se aproximaban al lecho del Destripador vociferantes predicadores pentecostales con sus cachondas Biblias negras —cada Evangelio en cuestión, astutamente marcado con lujosos y novísimos festones de madrás—; perspicaces y ceñudos actores de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Scotland Yard y del trujillista Servicio de Inteligencia Militar (SIM); comisiones oficiales de políticos, comerciantes, jueces, ladrones, militares y asesinos; cortejos de colonialistas anticolonialistas, poetas, intelectuales, parásitos contemplativos, maniáticos resentidos carentes de talento y séquitos formados por defensores de los Derechos Torcidos…

Finalmente, hicieron su bulliciosa aparición las infames o cándidas comadronas despechadas procedentes de las populosas barriadas de San Lorenzo de Los Mina, Pequeño Haití, Guachupita, Pétion-Ville, Gazcue, Cité Soleil, Ensanche Naco, Arroyo Hondo y Gualey, suburbios ubicados en el viejo y perseverante Santo Domingo Cosmológico del Siglo XXII.

Todos los miembros de esta grotesca y grandiosa multitud, empujándose violentamente unos a otros, trataban de introducirse de forma simultánea en la habitación lujosa del viejo TrujiJack. El gentío rompía las puertas y ventanas. El humo por las calles desgarraba los confines, y la indolencia de un ruido de motores arañaba la frente de la ciudad perdida.

En el abarrotado cuarto de TrujiJack, el orfeón de aquellos cuerpos —muchos de ellos tocados únicamente con extraños sombreros de copa alta, y en lo demás completamente desnudos; globosos algunos, cadavéricos y fosforescentes los otros—, cantó con gran desenfado y feroz estilo heterofónico, al ritmo frenético de sus cornetas y tambores copulantes, mientras los miembros de la gran comparsa manifestaban grotescos arrebatos de lujuria popular carnavalesca y globalizada, apostados ya de un modo amenazador en torno a la gran cama de caoba con dosel donde dormía y ahora de nuevo despertaba —sorprendido, narrado y aterrorizado—, el pobre y mitológico Padre Destripador.

La muchedumbre cantaba: —¡Mataron al Chivo! ¡Cayó Duvalier! ¡Me llama el Big Brother! ¡Yo fui un Calié!

Eterno es el Retorno de los Espectros...

Y entonces, voces violentas indecisas frente a las Metrópolis levantaron decibeles contra la verdad de la Condena. ¡Emigraron muchedumbres en rotonda! ¡De sur a sur, de sur a norte, de norte a sur, de sur a norte, de este a oeste, de oeste a este, de sur a norte, de este a sur, de este a este, de norte a norte, de sur a norte, de sur a norte, de sur a norte, de sur a norte, de oeste a oeste, de sur a oeste, de oeste a sur, de sur a este, de sur a norte, de sureste a noreste, de noroeste a suroeste, de suroeste a noreste, de suroeste a oeste, de este a nordeste, de sureste a oeste, etc. etc. etc., como diría el gran Samuel. 

¡Movimiento browniano de los flujos migratorios!

De pronto, TrujiJack el Destripador, convulsionando en un trance de fuego aglutinante, fue de nuevo la Doncella del Sacrificio, y el Minotauro, finalmente, con dulzura resopló en la rosada caracola ya desierta (...).



FRAGMENTOS DE:

El delirio de Jack el DestripadorManual en Clave de Historia Patria Globalizada, todavía escrito con el Método Freudiano de la Asociación Libre. (Poema en prosa patafísica).

A: Dante Alighieri, Miguel de Cervantes Saavedra, Manuel del Cabral, François Rabelais, Jacques Roumain, Franz Kafka, James Joyce, Antonin Artaud, Herman Melville, André Breton, Tomás Hernández Franco, Georges Bataille, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Raymond Chandler, Pierre Klossowski, José Lezama Lima, Samuel Beckett, Severo Sarduy, Jean Genet, Julio Cortázar, Pedro Francisco Bonó, Italo Calvino, Eugène Ionesco, William S. Burroughs, Francisco Angulo Guridi, Tristan Tzara, Ramón Lacay Polanco, William Faulkner, Aída Cartagena Portalatín, Aimé Césaire, Derek Walcott, Fernando Arrabal, Henri Michaux, Francisco Nolasco Cordero, Wole Soyinka, Norman Mailer, Lewis Carroll, Alfred Jarry, Arturo Rodríguez Fernández... In memoriam.

A: Marcio Veloz-Maggiolo, Thomas Pynchon, Iván García Guerra, Gabriel García Márquez, Umberto Eco, Giovanni Cruz, Paul Auster, Cayo Claudio Espinal, Rey Andújar, Pedro Antonio Valdez, Armando Almánzar Rodríguez, Diógenes Valdez, Mario Vargas Llosa, Pedro Granados, Pastor de Moya, Manuel Mora Serrano, Toni Morrison, Pedro Vergés, Don DeLillo, Pedro Peix, Manuel Matos Moquete, Roberto Marcallé Abreu, Efraim Castillo, Junot Díaz, Alejandro Jodorowsky...

Tomado del libro de relatos “¿Quiénes escribieron las historias?” (2009-2012) © Armando Almánzar-Botello, 2012. Santo Domingo. República Dominicana.




© Armando Almánzar-Botello.
Santo Domingo. República Dominicana.

Desnuda Salomé o el retorno de lo reprimido.

domingo, 13 de abril de 2014

"Esa violencia femenina, generada históricamente por la represión falocrática de la feminidad y por la marginación de que ha sido objeto la mujer, retorna entonces como passage a l' acte (paso al acto: Freud, Lacan) de naturaleza asesina. Con esta afirmación, insistimos, no dejamos de reconocer que la mayor dosis de violencia se produce contra la mujer y la ejerce el hombre." A. Almánzar-Botello. "Salomé: Las violencias, los crímenes, las inhumanidades..."

                                                                               

 Por Armando Almánzar-Botello

"Dios ha muerto."
  Friedrich Nietzsche

"Hácese añicos el mundo en estado de sitio… "  
  David Huerta.

"La policía llega al alba
 como llegan la muerte y el nacer." 
  Adrienne Rich



Después de mi baile torcido y el humo pestilente de abismo ya conocido en espejo tu ser, en las luces rotas del caleidoscopio, señalado fuiste por vocación oscura de mi Otra sin nombre.

Varón-cuerpo elegido al fin destinado por la Cosa indecible a los maquinales garfios de la carnicería ciega. 

Tú caerías bajo el brillo animal filoso, cruel, deslumbrante, que araña y muerde al ser hasta descuartizarlo, y despedaza los cuerpos con los tajos violentos de afiladas joyas desnudas, con los cortes fatales del vacío inviolado.

Simulabas olvido: la remota violencia... Mas yo conocía tu fluir de tigre... La Otra codiciaba tu fulgor de enigma.

Salimos muy juntos de la discoteca triste, que siguió despierta oficiando en el humo sus misterios vanos. En el soplo ardiente de la noche turbia tomamos un taxi como quien aborda la barca de Caronte.

En espejo convexo 
roto azogue loco, vislumbraba yo las calles taciturnas, las esquinas oscuras en la ciudad inmensa, el hueco de los hombres, los dientes podridos de las estatuas públicas, los semáforos bizcos de mirada torva… el poder y la gloria junto al dolor sin nombre.

Y el taxi corría por calles oscuras mientras yo me preguntaba: ¿Dónde vibra esta noche su poema inaudito? ¿Dónde grita en olvido su desaforada sangre? ¿Es diagrama inevitable la escritura nítida, maquínica, perversa, carpintería pérfida meramente lúdica, economía cínica de acero burilado, pulido, profano, a veces medrosa, ocurrente o barroca, mas vacía toda de grandeza inmanente?… ¿Escribiré la historia?...

Pensaba en la grandeza inmanente de la hierba y en la red capilar de sinsentido que vuelve 
neutro en su temblor bajo el arco de lo eterno, a crear en la aurora de la página en blanco los dioses los hombres y las bestias del instante... ¿Escribiré la historia?...

Y la memoria fría de la rutina insomne se detuvo al frente de mi edificio absorto. Tú pagaste el taxi… Pausadamente subimos la escalera... 

Caballero pulcro, como siempre noble, gentil y delicado valores todos pasados de moda, presentes tan sólo en el viejo cine negro, muy en tu papel preguntaste a mis ojos para besar mi pelo, exploraste mi seno para palpar mi hambre... Con un dedo suave intentabas leer el temblor de mis labios. ¡Todo un Braille del miedo!... Al llegar a mi piso abrí yo la puerta.

Ahora te desnudas aquí en mi apartamento. Estamos en mi cuarto: penumbra familiar de mis fantasmas torvos... 

La bombilla de la sala con su turbia luz de sangre, a través de la cortina que compré hace un mes en Macy’s, dibuja extraños signos en tu inocente espalda ¡Oh ángeles azules!...

Deliro al decidirlo… Mas debo al fin decirlo: sigilosa 
deslizo el ambiguo narcótico en el rojo vino espeso. Ahora mi odio, mi culpa y mi goce en desleimiento irredimible, ardiente, se mezclan con violencia de materia ciega en pánico sin fondo. Espero tan sólo en silencio el instante...

Desnudo mi pudor en la promiscuidad secreta. Doy al fin por teléfono la terrible clave justa... Y en pocos minutos, con filosos machetes, con frías metralletas, llegan, 
¡irrumpen!, mis amigos de la Logia para iniciar el rito… ¡La carnicería retorna!... ¿Escribiré la historia?... ¡Ahora el primer golpe! 

Un temblor inhumano ya sin fin te desangra en estertores lúcidos. Y gime su carne de crudo animal tu ser desollado. Tu prosodia escupida sin decir su misterio. Tu indescifrada sangre...

Cuerpo sin nombre golpeado hasta el hueso por la escritura oblicua del resentimiento…¡Cuchillo!: esquirla furiosa de vacío cortante...

¡Y ahora yo soy! ¡Soy la que Soy! Habla en mí la mixta: !Kali-Salomé-Némesis-Lilith-Okute Yemayá!

(Revisan mis demonios tus bolsillos húmedos y no encuentran nada…Bueno, casi nada, tan sólo este relato visionario y manuscrito ahogado en tu sangre...)

En aquel vago anhelo tú fuiste en mis días un Dragón alado. Regías el mundo de mis animales limpios, mi temblor secreto de hojas espesas, la caligrafía torpe de unas manos blancas… Cubrías con tu aliento el pudor de mis cristales, pulía tu mirada mis inhóspitos espejos, mi selva desnuda sólo tú explorabas, y abriéndole su encierro a la escritura con sus pájaros, lamías mi canto más oscuro en el silencio... 

Sin embargo, aquellas manos mías hoy blanden siniestras 
a través de otras manos contra tu garganta puraviolentos cuchillos de filosa lumbre... ¿Escribiré la historia?... 

Te destrozo ahora el rostro para olvidar tu nombre. En la hortera de sombras recibo intemperante la cabeza del dolor altivo y roto. Mis dedos se pierden, caminantes locos, por tu mullida barba y su esplendor sangriento… Mi delirio fosforesce... Mojados de misterio mis dedos me recorren...

Testimonio doy de tu caída neutra en el maquinal abismo ¡Ahora! Inclemente mi goce oscuro de cyborg, de perra, de diosa, de anhelante pantera... ¡Y arde Otra simplemente y gruñe hondo su misterio, alucina carne ardiendo y en la danza escupe letras!

Soy jovial y terrible carnicera que finge cautelosa en la noche un rostro verdadero maquillaje cifrado de animales divinos, futuristas, inéditos... Y voy siendo en la escritura el animal inabordable, la mujer molecular, absoluta, (in)visible...

Y muerdo el Gran Secreto, respiro en la floresta, defiendo tras la máscara el azar y la escritura, el sueño con el ávido fluir de sus panteras...  ¿Todo ha sido culpa de Dios y los Varones?... 

¿Tan sólo por amor se levantó mi odio en río turbulento de semblantes por el cielo?...

Y la navaja con su brillo sin sentido aquí en mis ojos  —¡oh semántica centella parricida!—, refleja la convulsa noticia del silencio:

Tu muerte más alta y luminosa en los vitrales. Tu sangre más rotunda en mi bandeja, como un río. Una nueva cabeza para mi tocador de espanto.

¿Quién descifrará la nueva muerte de los dioses? ¿Aguarda sólo la trompeta el cuerpo escrito del desastre?

¡Oh fluir perseverante del momento 
en el asombro de un pórtico y sus pájaros!  

Aletazos caligráficos del alba...




Réplica de este poema "Desnuda Salomé o el retorno de lo reprimido", en el Blog Cazador de Agua:
http://tambordegriot.blogspot.com/2013/07/desnuda-salome-o-el-retorno-de-lo.html

© Armando Almánzar Botello

16 de Agosto de 2010
Santo Domingo, República Dominicana

La Caída

viernes, 11 de abril de 2014


Texto Neo-testimonial 

"Se requiere una suerte de contra-efectuación y objetivación de los fantasmas y accidentes que constituyen la formalidad primaria del yo empírico-biográfico, para desprender (polarizando esos elementos, interpretándolos y seleccionándolos) lo que Gilles Deleuze denomina la cuasi-causalidad de la obra como cuerpo erógeno y forma-sentido." A. Almánzar-Botello.

                                                                                                                                                                      Obra pictórica de Ramón Oviedo


Por Armando Almánzar-Botello

La magulladura proteiforme que se me presenta como efecto de la caída que sufrí en mi casa la pasada Semana Santa, se ha tornado en mi muslo izquierdo de un color morado-sanguinolento y se extiende sigilosamente hacia la región del pubis.

Se aprecia, por debajo de la vellosidad púb(l)ica, un tremendo y obsceno moretón —de estructura irregular muy curiosa, oscura como el sacro vino tinto— que me llega, sinuoso, hasta la secreta pulsación de la ingle. Su contorno figura el litoral de una costa como lo analiza Benoît Mandelbrot en su Teoría de Fractales.

Aparece, ahora, sorpresivamente, una maravillosa y surrealista confección carnal o novísimo diseño plástico en el pubis. Mi cuerpo intensivo palpita en proceso... 

Junto con los trazos de improviso polícromos en el dolorido muslo contuso, estos cambiantes diagramas abstractos ofrecerían, a la minuciosa inspección estética de un Max Bense, el coeficiente de tensión angular que implacable sugiere (para el ojo sensible del artista, por supuesto), el esplendor de los cuadros siempre actuales de Arshile Gorky, Jackson Pollock y Willem de Kooning.

Las manchas iridiscentes en la cara interna de la pierna y la fina red de vasos capilares desgarrados, evocan los gestos brutales de un demiurgo con espátula y punzón, que despliega rabioso el color y una extraña caligrafía terrible.

Pero hasta en ocasiones como ésta el cuerpo asume imprevistos gradientes de cierto nacionalismo patriótico. Y de modo solapado, como quien no quiere la cosa, la severa contusión y sus efectos figurales, que me hablaban en principio de un mundo pictórico expresionista-abstracto newyorkino (o figurativo-deformante a lo Francis Bacon), se re-territorializan o repliegan (no sé, en honor a la verdad, si de forma perversa o sincero-ingenuista), en una estructura plástica que exhibe ostensiblemente la sangre producida por el golpe inclemente que recibí, de un modo que sin lugar a dudas recuerda el estilo de algunos cuadros de nuestro querido maestro el gran pintor Ramón Oviedo.

¡Los mismos estallidos cromáticos y lineales sabiamente dosificados por la sensibilidad de un artista que sabe lo que quiere cuando está situado frente al lienzo! Claro, en él es palpable la influencia de Bacon, aunque nuestro admirado maestro —al igual que otro gran artista dominicano, Eligio Pichardo—, no lo reconozca así. Cartografía pictórica de cuerpos ignotos.

En este interesante caso de mi accidente, resbalón o caída 'desde mis propios pies', la tela viva, palpitante, dolorida, ha sido mi piel en convulsión estético-traumática. Mi secreto esqueleto estremecido sería el caballete y el marco o parergon. El Artista podría ser Dios, mi Mujer, el Agua derramada en el piso, el Golpe, o el Azar... ¿O quizá yo mismo, por distraído y torpe, pero me da vergüenza reconocerlo? No obstante se requiere, para producir la obra, de una voluntad formal que oriente y seleccione los acontecimientos...

Son tan inesperados los medios y concepciones de la obra de arte. Ahí encontramos el body art, la action painting y el performance para demostrarlo. Y todavía más: el de-construccionismo corporal y metamórfico del arte cárnico al modo de Orlan. Sin embargo, no pienso bajo ningún concepto que la sintaxis del cuerpo humano esté obsoleta, como creía fervorosamente un venerable cyborg, aquel anciano genial llamado Stelarc, cultor del arte robótico y protésico. ¡En fin!

Además, siento con gran intensidad, después del severo golpe creador, que casi me estoy derritiendo por la cadera izquierda. Experimento mi cinturón pélvico como si fuera un armazón de platino que estuviera sometido a muy altas temperaturas en hornos industriales de fundición de metales. Es como si unas vibraciones profundas de mi carne me llamaran con extrema intensidad y urgencia desde aquella zona de mi atónito esqueleto, para que el núcleo de mi ser ocupe otro lugar en un nuevo esquema corporal que no logra definirse ni organizarse y que mi raciocinio a duras penas alcanza a vislumbrar.

No hay programa previo de industrialización del sector metalmecánica en la carne; tampoco del sector agropecuario. ¡Ni soñar con una cirugía justa y digna! Tan sólo impera el simulacro de lo virtual canalla. La Pandilla.... ¡Buenos días Esperanza!... El cuerpo no encuentra en su agonía el alfabeto. Aunque siente seres humanos, metales, plantas y animales doloridamente bullendo por sus órganos. 

La Zona Cero de mi cuerpo, vertedero de Cancino Adentro, la tengo sumergida en pleno caos. Me fugo casi por ahí sin darme cuenta. ¡Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero en Nueva York!... Chirridos, amores y gruñidos por allá, pero sin planificación ni previsión alguna...

Me habla en la zona dolorida de mi cuerpo un rítmico batir de alas o de olas. Extrañas máquinas también parlotean en mi cinturón sacro-coxígeo... Recuerdo, sin quererlo, cuando me late el golpe con sus vocecitas filosas y dentadas -y entonces me desgarran el dolor y la risa- a Lautréamont, a Jarry, a Michaux, al sufrido Artaud, al cuerpo meteórico de Tournier, a  Bousquet y su herida, a Raymond Roussel, a David Lynch, a Luis Alfredo Torres, a Manuel del Cabral, a Charlie Parker, a David Cronenberg, a Ramón Lacay Polanco... ¡Jo!

Por una leve conmoción cerebral casi me olvido de mencionar a Kafka y su mecanismo penitenciario, a los huevos indecibles de Carroll, Ionesco y Beckett, a la íntima esquizia de Cortázar (Teseo-Laberinto-Minotauro en las rayuelas), a la caída sin Ariadna de Cioran en los relojes, a mi César Vallejo           llorando, riendo y cantando en un baile de putas con Pedro Granados...

Pero no importa, amigo lector. Tal parece que la región encefálica de mi sistema biológico también ha sido afectada por el desgonce brutal de mi caída.

La aspirina que consumo por motivos cardiovasculares, me produjo la fragilidad capilar excesiva generadora o responsable del sangrado interno que ahora parece estar floreciendo en la tensa superficie de mi piel. Semeja en su ritmo un vivo tatuaje. Esto hace que yo luzca —como he dicho—, amoratado, parecido en el color a la entrañable fruta del caimito. Tengo en la pierna el furor tropical de un mar envinado y borracho. Mi cuerpo recuerda un mixto fotográfico entre Polibio Díaz, Hans Bellmer y Cindy Sherman.

No tengo más remedio que tomarlo con paciencia y humor. Debo anotar todos los detalles de este viaje intensivo hacia los abismos de la carne. Hacia el mundo. ¿Hacia otros mundos?...

Sospecho que hallé curiosamente mi Camino de Damasco, la impredecible senda mística y fantástica. El accidente casero de mi desliz en Semana Santa, ocurrió el día previo a la Resurrección de nuestro Señor... Desgarradura del músculo aductor mayor de la pierna izquierda: ¡Puerta del milagro!

Pienso en ocasiones que ahora Dios me habla a través de las mutaciones de mi cuerpo. Ya lo decía el poeta Valéry: no hay nada más profundo que la piel.

Con la caída tremenda y después de la magulladura, mi ser yo entiendo que Dios ha transformado. Inscribe en mi carne con su letra cursiva el más puro dibujo que descubro perfecto. La huella de su mano brilla en mi epidermis una extraña belleza imprevista. Amarillos volátiles, rojos convulsos, verdes y azules aleteando en texturas y calambres, finos ritos de la sangre, intensidades puras, extraños laberintos por los que viaja la mente. Manchas en mi muslo después de la caída: ¡Obras de arte místico para la posteridad!

De modo inusual un Dios pintor escribe. Se ríe conmigo y me cura con arte.

Pero en otros momentos de humor desfalleciente, o de una lucidez quizá menos intensa, pienso que mi caída fue un puro accidente, que ofrece el testimonio de una verdad (b)anal: aquello que nombramos en la casa como "adentro", es el simple y provisorio repliegue apaciguado del Afuera inconcebible y turbulento...



© Armando Almánzar Botello
Santo Domingo R.D.,  Abril de 2010

Metamorfosis con lo nimio...

domingo, 30 de marzo de 2014


ONTOLOGÍA DIMINUTA DE LO ADYACENTE


«La existencia no es algo que se deja pensar de lejos: es preciso que nos invada bruscamente». Jean-Paul Sartre.

«¿No sería “la náusea sartreana” el reverso del satori Zen, una suerte de iluminación inversa?». Armando Almánzar-Botello.



Por Armando Almánzar-Botello.


Solitario y sentado ante la mesita de noche, intento esculpir lo indecible que aúlla en mi cuarto silencioso. Es casi la madrugada de un día que desconozco. Algo negro me impide moverme del lugar en que ahora me encuentro. ¿Será el peso agobiante de la nada, las letras turbias de lo inconcebible, la tinta oscura y lúcida que mana del insomnio?

Pero aun así deseo a la criatura monstruosa, el ayuntamiento erótico intenso, innombrable. A diferencia de otros héroes, yo anhelo aquí en lo atroz la comunión de soplos.

Quizá viendo el mundo a través de unos bárbaros ojos no descritos todavía, y palpando lo real por las manos milagrosas de la bestia polimórfica, los signos y los seres lánguidos y fríos no me sean —de un modo tan extraño y nauseabundo—, inoportunos, gratuitos y fugaces.

Me parece voy dejando jirones de mi vida en cada necia cosa que yo palpo, en cada persona insulsa que me aborda por las calles, los teléfonos, las cartas. Me aniquila, sin clemencia, el mirarme sin luz en los espejos colectivos del desastre, paladear cada momento intrascendente que reclama mi cuidado y que me absorbe, como el falso titular de algún periódico y su estúpida lectura en apariencia inaplazable: rotas letras de un poema destruido que sólo dice nada, nada, nada…

Persigo transmutar, con un párrafo brutal de vida intensa 
—íntimo, feroz, alegre, gozoso y entusiasta—, la prosa sin substancia que circula por los cuerpos, por la carne del mundo taciturno; la triste polvareda del absurdo indigente que me envuelve.

¡Busco monstruos!

Quisiera sentir ahora lo imposible potencial bramando su misterio entre mis manos; abrigar su palpitante concreción de indiferencia; lamerle los contornos a la vulva indescifrable de la nada o al abismo que sostiene la danza sobre el orbe de las férvidas presencias de lo ignoto.
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Vuelve lentamente la hormiguita. Había desaparecido por un momento entre los libros y papeles de mi pequeño escritorio. Ahora camina justamente por el borde mismo de mi antebrazo izquierdo. Haciendo pequeños zigzags, como un diminuto Hamlet que dudara del mundo, se detiene, agitando sus minúsculas antenas, cerca de mi mano que reposa inerte sobre la superficie de la mesita de noche. Interrumpo la escritura y la miro con cierta displicente curiosidad; ella también parece mirarme y estudiarme… Un ligero parpadeo, y el bicho se escapa presuroso entre los folios.………………………………………………………………………………………………………………………………................................................................................................................................
En este momento, amiga tenebrosa, tú eres la distancia, la insalvable distancia del monstruo y el rumor de lo tremendo…     
¡Y yo que intento renovar contigo la naturaleza profunda de mis contactos!

La noche está junto a mí; su baba oscura me rodea por los cuatro costados del insomnio. La noche me clausura con sus miles de ojos y bocas balbucientes. La noche me valora como ente… ¡Soy la noche y su escritura de sombras! Ella me agobia tornando conciente mi peso de angustia. En otras ocasiones, me roba cautelosa el ser y la substancia, y soy así, entonces, la hoja vacía bajo el candil impávido de nadie.

A ratos, la noche me parece tan tierna y sugestiva… tan llena de presencias misteriosas y audibles… pero finalmente retorna con gran vigor el asco… la única potencia que en esos momentos parece ocupar mi cuerpo y la totalidad de mi mente. ¡El asco!

Y entonces, odio la noche con todas mis fuerzas, y aún más cuando me percato de que ella es el fin de otro día y el preludio de un nuevo amanecer, de una alborada que a su vez llegará simplemente para dar lugar a un nuevo atardecer seguido de otra noche… Y yo seré un ojo abierto en ese nuevo amanecer y en esa nueva noche; una oscuridad que dará paso a un nuevo día y a otro nuevo anochecer, hasta que llegue al fin el momento de la definitiva negrura: ¡la de siempre!

Y tú, innombrable criatura, dueles ahora tu verdad espantosa en la distancia… Y sin embargo, prosigues siendo lo recóndito que fluye amargamente por mi carne, tan próximo a mi ser a pesar del gran mutismo de las cosas y del cosmos, cuando bocas taciturnas, derramadas, no dicen a tiempo la palabra justa. ¿Eres acaso la potencia del espacio que congrega y reconcilia en el dolor con su silencio?...
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Vuelve nuevamente la pequeña hormiga. Esta vez, pienso aplastarla sin miramiento alguno. La imagino completa y minúsculamente despanzurrada y yerta sobre la mesita-escritorio y su manchado tapete verde o sobre la punta de mi dedo índice derecho.

Veo al insignificante insecto afanarse una vez más por la superficie de mi mesa, con movimientos breves, polidireccionales e impredecibles, tal como si trazara una escritura generosa y salvífica, un inaplazable sermón de lo vibrante y epiceno. Agita sus pequeños tentáculos como si quisiera decirme, con una gran urgencia, algo neto y trascendente.

Experimento de súbito el impulso de acercarme indiscreto al pequeño animalejo y contemplarlo cuidadosamente. Abro un cajón del escritorio y tomo de él una vieja pero poderosa lupa que me regaló el azar de los misteriosos mercados de baratijas de la Avenida Duarte.

Con la respiración suspendida me acerco, lente de aumento en ristre, al diminuto animal.

¡Ahora miro acrecentada su compleja, maravillosa y delicada arquitectura, y casi lanzo un grito de asombro y maravillado terror en la noche!

Creo saber el porqué cuando justo en este instante viene a mi conciencia un breve y antiguo poema del japonés Kobayashi Issa: 

Para el mosquito / también la noche es larga, / larga y sola”.

¡Y pensar que la vida tiene formas todavía más pequeñas; que también lo que llamamos inorgánico está vivo de otro modo trepidante y misterioso…!

Me sorprende algo así como la descarga dorada de un rayo inescrutable.

Observo el pequeño corpúsculo móvil de vida nerviosa con patas, pelos y antenas —que por supuesto no es un mosquito sino la hormiga ordinaria de siempre—, y siento con gran humildad, hasta mi oscuro fondo encendido lo siento, que una olvidada cosa inconcebible, ardua y asombrosa en su latir profundo, retorna invulnerable, con lentitud y firmeza, desde su lugar paradójico, secreto y eterno…

En este mismo instante, alguien o algo llama con sigilo a mi puerta…




1973-1983

Réplica de "Metamorfosis con lo nimio..." en el Blog Cazador de Agua:
http://cazadordeagua.blogspot.com/2014/03/metamorfosis-con-lo-nimio.html


© Armando Almánzar-Botello.
Santo Domingo, República Dominicana.



Kafka. Nacionalismo, Imperialismo…

miércoles, 26 de marzo de 2014


LLUVIA NECESARIA SOBRE TERRITORIO YA MOJADO...


¡Si existe un país que después de la ominosa dictadura de Rafael Leonidas Trujillo ha ofrecido su mano solidaria a la República de Haití en todas sus desgracias y dificultades, esa nación ha sido la República Dominicana! Pero tal parece que a los ojos de las Grandes Potencias —las que, dicho sea de paso, han hecho muy poco a favor de Haití a no ser saquear sus riquezas y luego darse a la fuga, nuestro esfuerzo solidario de país casi tan pobre como la tierra de Toussaint Louverture, no vale nada!

«Que la justicia inmanente, la línea continua, las puntas o singularidades sean activas y creadoras, se entiende por la manera en que se disponen y forman máquina a su vez: siempre en las condiciones colectivas, pero de minorías; en las condiciones de literatura y de política "menores", incluso si cada uno de nosotros ha tenido que descubrir en sí mismo su minoría íntima, su desierto íntimo (teniendo en cuenta los peligros de las luchas minoritarias: reterritorializarse, reproducir la foto, volver a ejercer el poder y la ley...» Gilles Deleuze y Félix Guattari. "Kafka. Por una literatura menor", Ediciones Era, México, 1978, página 124.
                      
                     
Militarización de la frontera de Estados Unidos con México.


Por Armando Almánzar-Botello



En textos como “La muralla china”, de Franz Kafka, la instancia “nómada y bárbara” se correlaciona poderosamente con la figura de dicho autor, en tanto que sujeto histórico de la escritura en proceso y errancia, o personalidad biográfica “extraterritorial” en “éxodo y exilio” (G. Steiner, E. Trías). 

“Kafka-sujeto-escritura”, en su carácter de judío-checo y escritor de lengua alemana (por dichos motivos, "exiliado" tres veces), comporta un "devenir menor" y rebelde, perturbador, transgresor, que da paso a la articulación política de una “minoría marginal” vitalizada y vitalizante, cuando toma o extrae de dicha marginalidad su fuerza o potencia subversiva contra los poderes constituidos en dominios esencializados y excluyentes.

Tal como revelan Gilles Deleuze y Félix Guattari en su importante texto “Kafka. Por una literatura menor”, el “dispositivo inmanente de justicia”, el mismo que abre nuevas posibilidades y figuras de vida, lo representan precisamente los “nómadas”, frente a la dimensión “trascendente”, imperial, opresiva, territorial y nacionalista-ontológica, que se constituye en “ley paranoica” (Deleuze-Guattari), en “máquina trascendente, abstracta y cosificada” que marca paradas y discontinuidades.

La identificación ideológica de los “nómadas” con la figura del inmigrante ilegal, con las minorías extranjeras, con los haitianos
en nuestro particular contexto histórico-social, inspirada en una cierta lectura del texto de Kafka, podría perder de vista, para una determinada exégesis “territorializante” y onto-nacionalista, la permanente apuesta de Kafka por lo nomádico, en su calidad de instancia que impone la continuidad transfronteriza de la “línea inmanente de justicia”….

Debemos reiterarlo: Una lectura “reterritorializante” de algunos textos de Kafka (de “La muralla china”, por ejemplo), sólo podría perder de vista la identificación, realizada en dicha escritura, del “extranjero-bárbaro”, del “sujeto extraño en tránsito”, con el “dispositivo maquínico nómada encarnado en el campo inmanente de justicia” (Deleuze-Guattari).

Toda “desterritorialización” liberadora y subversiva, toda apertura de “líneas de fuga como líneas de justicia inmanente” en el espacio regulado de la “ontopología” (esencialización nacionalista del terruño “propio” por medio de una ley trascendente), erosiona por necesidad las fronteras, los límites y las costumbres. Este es un resultado inevitable de todo diálogo pluralista y abierto. Desde luego: hay ritmos y protocolos de aproximación determinados por las partes en juego.

Lo “fronterizo” es concebido para “la política taoísta y kafkiana de lo menor” como un espacio dialógico de mediación que no comporta un deslinde neto entre un “adentro” y un “afuera”, pero tampoco admite una retorcida sobre-codificación imperial.

Frente a la “discontinuidad” que tiende a establecer 
por razones estructurales de necesaria clausura provisoria (Hegel), el orden simbólico de la cultura como contrato social y  lingüístico, pero más bien frente al carácter discreto esencializado que define a una cierta ley trascendente, perversa, opresiva, imperial, nacional, territorial, transnacional, el sujeto nómada viene a encarnar (para Kafka-Bataille-Deleuze-Guattari) la “continuidad transfronteriza”, el dispositivo inmanente y maquínico de justicia y de amorosa iniciación y apertura a la incoercible alteridad del Otro... ¡He aquí el double bind  ético-político a que nos somete la llamada del amigo/enemigo y el desamparo/violencia del prójimo... Sin embargo... ¡Hay que decidir! (Hegel, Kierkegaard, Nietzsche, Derrida).

Los cruciales problemas por los que atraviesa actualmente el Mundo Capitalista Globalizado con respecto al binomio “nacional versus nomádico”; los temas candentes referidos a la sostenibilidad de los recursos y a la solidaridad entre naciones ricas y pobres —dificultades imbricadas en el contexto postmoderno neo-colonialista de una falsa defensa oportunista, efectuada por ciertas Grandes Potencias, de los llamados “derechos humanos” y de “libertad de tránsito”, valores real o falsamente violentados en el contexto de las políticas migratorias y de circulación propias de países pequeños como lo son República Dominicana y Haití, entre muchas otras naciones pobres o no bien vistas por el Imperio—, vienen a ser agravados por el carácter sesgado y perverso de dicha promoción demagógica de fingidas “tablas axiológicas de solidaridad y justicia”, propaganda llevada a cabo malévolamente por los aludidos centros hegemónicos de poder en desmedro de la estabilidad de los países involucrados en determinados conflictos, internos y/o de naturaleza internacional.

Las grandes metrópolis tan sólo proponen la libertad de tránsito incondicional y la “continuidad nomádica transfronteriza” cuando se trata de flujos migratorios de Sur a Sur, pero mantienen rigurosa o estratégicamente cerradas sus fronteras para toda “invasión de bárbaros” que pueda proceder de los mundos terribles de la pobreza.

Los reclamos de justicia a favor de los inmigrantes haitianos, realizados actualmente contra la República Dominicana por parte de ciertas potencias imperiales, no representan, de hecho, la promoción de una genuina y pluralista “ley nomádico-transvernácula” como dispositivo de justicia inmanente, sino una estrategia segregativa enmascarada que aspira a evitarle al Imperio (A. Negri), todo compromiso serio de esas Potencias con los problemas de ciertos “Estados fallidos”, por un lado, y, por el otro, a incrementar severamente la erosión de las regulaciones jurídico-políticas de muchos países aquejados de poca fortaleza en sus instituciones. 

El objetivo final de dicha campaña de agresión, indiferencia y descrédito consiste en convertir a esos países más temprano que tarde y como decía Octavio Paz: sometidos y/o mantenidos bajo el estatuto de simples “territorios de caza y pesca”, en simples mercados de consumo y mano de obra barata y en comarcas de explotación minera indiscriminada, no ecológica. 

Todo lo anterior bajo un control absoluto del Gran Capital enmascarado de respeto a la “democracia” y a una mentida diversidad cultural simplemente turística, folklorizada y vaciada de tensión y substancia.

La vocación de las grandes metrópolis es transformar al resto de los países del mundo en espacios tutelados, intervenidos, sobre-codificados en todas sus políticas internas y en sus gestiones, por la axiomática capitalista militar-financiera. Mundo de territorios sometidos a la oscura explotación de sus recursos humanos y naturales por parte de los agentes del Gran Capital Transnacional, aliados a nefastas Oligarquías locales que sólo aspiran a mutilar los derechos de los trabajadores y de las poblaciones en general con tal de maximizar sus beneficios.

Los reclamos de supuesta “justicia” que actualmente realizan las Grandes Potencias con respecto a múltiples casos de inmigrantes cuyos derechos están siendo violados y/o supuestamente quebrantados por ciertos Estados nacionales, no son atendibles desde los ámbitos de la ética, la justicia real y el derecho internacional, pues dichas potencias resultan ser, en este mundo líquido globalizado a favor del capital y de la circulación de las mercancías, las principales agresoras de los Derechos Humanos. 

Esas Potencias proponen a los países pobres un modelo de comportamiento que ellas no cumplen en lo absoluto. Sustraen al debate la “unidad-oculta, trascendente y opresiva” en la que se sustentan: el chantaje y la violencia hegemónico-política y militar-financiera. 

Ellas ambicionan sobre-codificar los diferendos binacionales y multinacionales y hacer que las pretendidas fórmulas y soluciones que proponen a los problemas que confrontan entre sí ciertos países, se apliquen por los Gobiernos locales sin que éstos se detengan a medir las consecuencias de sus acciones sobre su propia población y pensando tan sólo en las inhumanas conveniencias de las plutocracias vernáculas y trans-vernáculas. Esos Poderes monstruosos de la extorsión, el soborno y el fraude, sueñan con que nuestros Gobernantes actúen como autómatas o meros apéndices del Imperio, en contra de los intereses de sus respectivas naciones. .

Para esas Grandes Potencias, los protocolos, normas y leyes que conforman sus marcos jurídico-políticos y culturales constituyen "sacrosantas" verdades intocables 
salvo cuando entran en conflicto con los intereses de la Plutocracia. Entonces, abrogan todas las normativas del derecho local e internacional, concentran antidemocráticamente un poder absoluto en ciertos instancias cuya accionar les resulte propicio para sus mezquinas conveniencias, y se declaran, con el mayor de los cinismos, los legítimos amos del mundo.

La llamada “desagregación transnacional del Estado-nación” en determinadas áreas de servicios tradicionalmente administrados por los Gobiernos locales, constituye un paradigma del rostro siniestro del neo-liberalismo maquillado bajo apariencia de nueva libertad y nueva eficacia. Más de lo mismo.

Cuando las Grandes Potencias aplican estos modelos en sus propios territorios, es porque sus políticos y técnicos han realizado las debidas evaluaciones económico-sociales para que cualquier medida adoptada no venga a perjudicar el metabolismo conjunto de esas poderosas naciones, o por lo menos no afecte los intereses de los ricos y de ciertos sectores de poder. No mencionamos ahora la secular fortaleza de sus instituciones, a pesar de ciertas crisis periódicas en el plano económico.

Por el contrario, las normativas y protocolos de los países del Tercer Mundo son considerados por las Grandes Metrópolis Imperiales como simples arcaísmos irrelevantes, como si el derecho a vivir y a convivir civilizadamente a la luz de la justicia y la juridicidad, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, fuese un patrimonio exclusivo de los países económica y militarmente poderosos, o debiera existir sólo como puro simulacro para beneficio de los intereses imperiales y las oligarquías locales adventicias.

La postmodernidad biopolítica de las Grandes Potencias es perversa y estafadora. Como dice José María Ripalda, el espacio postmoderno es tramposo, pues su pluralidad y descentramiento se hallan recentrados por hegemonías evidentes y menos evidentes.

Franz Kafka, con su ejercicio subversivo de la letra, no confiere legitimidad a los Nacionalismos ontológicos dogmáticos y fundamentalistas, pero tampoco a los Imperialismos "civilizadores" de ninguna índole. La suya es una escritura libérrima y nomádica. Su novela “América” se inicia, por cierto, "confundiendo", crítica e irónicamente, la antorcha de la estatua de la Libertad con una espada refulgente

Creo en la libre circulación transvernácula de todos los hombres sobre la superficie de la Tierra; pero creo también que dicha libertad debe ser efectivamente planetaria, no circunscrita al mundo de los pobres, no regulada por la estrategia racista, oportunista y excluyente de “solo abrir las compuertas de pocilga a pocilga”, tal como lo propugnan actualmente y sin el más mínimo rubor las Grandes Potencias auto-erigidas en garantes de Dios sobre la geografía política del Mundo…




© Armando Almánzar-Botello.
Santo Domingo, República Dominicana.

¿LA MÚSICA O EL LENGUAJE?

martes, 25 de marzo de 2014


BREVE NOTA

"Todo sistema semiótico translingüístico, como señalaba Roland Barthes en sus Elementos de semiología, se encuentra en una relación de redundancia o recambio con el sistema de la lengua, con el lenguaje articulado." A. Almánzar-Botello. "Trías, Derrida y foné musical.

                      
Ludwig Wittgenstein

Por Armando Almánzar-Botello


En la oposición paradigmática lenguaje/música, se podría generalizar de un modo derridiano y deconstructivo la categoría o el término "música", de una forma tal que sería posible considerar la dimensión semiótico-"musical" del lenguaje en su ontogénesis, lo rítmico, lo entonacional, lo intensivo, lo melódico, lo puramente glosolálico, como una operatividad que precede a todo funcionamiento del lenguaje en su carácter propiamente representativo, verbal, conceptual, generador de significaciones abstractas. 

El lenguaje se "inicia" en la ontogénesis del sujeto como un juego de vocalizaciones intensivas puras, "musicales": meras oposiciones fonemáticas no semantizadas (J. Kristeva, L. Wittgenstein) que operan en el plano constituyente de lo semiótico "pre-verbal". 


Lo anteriormente señalado no significa que la música propiamente dicha —considerada como "actividad semioestética, como específica modalidad artística de simbolización"—, exista en efecto desde la etapa "musical" del desarrollo lingüístico (etapa glosopoiética: sonoridades vocales posteriores al grito y anteriores a lo verbal), o que se pueda producir independientemente de un particular contexto cultural e histórico en el cual, aquello que denominamos "lenguaje lingüístico" o lenguaje doblemente articulado constituye siempre, de hecho, un factor decisivo, una condición sine qua non de acuerdo y productividad semiótica y simbólico-social.

Ninguna subjetividad creadora, fuera del contexto histórico-cultural correspondiente 
definido por una lengua-cultura determinada, puede producir una sonata, una sinfonía, un motete, un merengue, un vals, etc., basándose en una supuesta capacidad de generación estético-musical previa a la instalación del lenguaje articulado.

Para que un sujeto pueda producir música como "obra de arte" autónoma, debe participar, como subjetividad socio-semiótica, de un vínculo estructural con la memoria cultural y la historicidad, lo cual no sería posible sin la existencia del lenguaje articulado.

La notación musical misma tal como se conoce en Occidente, con su compleja autonomía relativa, no podría haber surgido, en su especificidad, fuera de su concreto ámbito humano, lingüístico, histórico y cultural.

Además, debemos resaltar el hecho de que una cosa es la 'musicalidad' del lenguaje constituyente y/o constituido, y otra, muy distinta, la capacidad semiótica específica que tiene la música para producir sentido, infrasentido, simbolismo, etc. 
desde su particular apreciación de la foné o materialidad del sonido, sin valerse, necesariamente y de forma directa, de los recursos lingüísticos.

Es pertinente repetir, no obstante, que si bien el sentido y el simbolismo generados por la música —en su condición de manifestación artística específica— no son de naturaleza directamente verbal, debemos entender que, en su condición 
trans-lingüística más que pre-lingüística, la creación musical siempre se encuentra, como establece con pertinencia cierta semiología, en una relación inevitable, fantasmática, indirecta y de recambio con el lenguaje articulado y el sistema de la lengua.



Trías, Derrida y foné musical. 
(A propósito de La imaginación sonora de Eugenio Trías 
y el problema del giro lingüístico).Blog CAZADOR DE AGUA:




© Armando Almánzar-Botello.
Santo Domingo, República Dominicana.

Recuerdo que un día exploramos danzando...

domingo, 23 de marzo de 2014

"¿El miedo?: una máscara siniestra del goce desmedido, de la furia de vivir sin las fronteras...A. Almánzar-Botello.
                                     
                   


Por Armando Almánzar-Botello  

A Albany Aquino


Recuerdo que un día exploramos danzando  
el vértigo inefable 
de las carreteras: 
                              dos lúcidos desiertos borrachos que viajaban 
a lomos del jazz pasional, 
                                           turbulento...

Firme tú al volante,
bebimos distancias al evocar el mosto de mujeres remotas... 


Sin fin celebramos con las yemas de los dedos
la magia palpable de un torrente di-vino,
amistad resplandeciente y honda fuerza 
de Dionisos, 
                     dicción lujuriosa del panorama 
en fluencia:
                                poesía 
                              goteando
                       pulsiones del vacío
                              
                               prosodia 
                             claroscura
                                    y
                       espirales del texto                       
                       
                     torbellino alfabético
                 sobre la página hermética
                    de un mundo reluciente... 

          Y volviendo en la vigilia del incendio

               a la rabia nocturna de la urbe,
degustamos en la fiesta chivito expiatorio.
 Sangró 
nuestro deseo 
                         en laberintos góticos,  
en rituales discotecas,
en parques canallas de vegetación fosforescente.

                           Comimos niebla de la noche:
carne titilante del mito que la inventa. 
Nos robamos en la furia el candor de los desastres...

Luego                   lentamente 
besamos el misterio 
                                 de las sencillas muchachas:
altares de lo eterno: ¡hambre abismo de belleza!

Y tocamos con el saxo un poco del enigma:
                  lo tremendo evidente...

Recuerdo que un día exploramos danzando...




(Texto retocado)

Réplica y variante de este mismo poema en el Blog CAZADOR DE AGUA:
http://cazadordeagua.blogspot.com/2010/03/recuerdo-que-un-dia-exploramos-danzando.html

© Armando Almánzar-Botello
Santo Domingo, República Dominicana.